miércoles, 31 de diciembre de 2025

2025

El 2025 fue una bosta.
Todo lo que podía romperse, se rompió.
Todo:
familia, amistades, empleo,
identidad, seguridad.
Todo una bosta.
Todo roto.

Todo,
excepto la música,
que me puso ritmo
bajo mis alas rotas.

La risa,
que me cicatrizó las heridas.

La palabra,
vehículo de mis ideas.

Y el amor,
y el sostén
de quienes no me soltaron la mano.

Y aun así,
bosta y todo,
agradezco el año
que se va.

Porque lo bueno de tanta bosta
es que, cuando todo apesta,
aprendés más rápido
a reconocer el aire fresco.

Aprendés más rápido
a diferenciar
qué es importante
y qué es
solo
accesorio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario