lunes, 30 de marzo de 2026

Nunca

 Nunca volveré a amar

con la entrega de un corazón

que desconoce el filo de un puñal,

con los ojos plenamente cerrados

y la certeza infantil

de que nada malo puede pasar.


Nunca volveré a amar

sin armadura,

sin desconfianza,

sin una valija a medio armar.


Pero a vos

te hubiera amado,

te hubiera colocado en un altar,

con fe ciega,

con la devoción de quien elige servir

y no calcula la caída.


Me hiciste sentir cosas

que creí dormidas,

cosas que ahora me enfurecen

porque no sé qué hiciste con ellas.

Siento que te las llevaste.

Y aquí quedo,

con la herida abierta

y la puerta esperando tu regreso.


Todavía te nombro

cuando menos quiero hacerlo.

Cuando ninguno de los besos

de un tercero me eriza,

cuando el cuerpo responde al placer

pero no a la compañía.


Quisiera preguntarte

si estás bien.

Si alguna vez pensás en mí.

Si ahora lo intentarías.


Y sin embargo

no volveré a amar,

no podré,

aunque quisiera.


Me quedaré

inmóvil,

inapetente,

inalcanzable,

como si eso no fuera

otra forma de andar

un poco muerta.


miércoles, 11 de marzo de 2026

Vuelvo

 Vuelvo al sillón de tu casa,

a sostenerte en mi pecho

mientras paso mis dedos

por lo suave de tu pelo.


Vuelvo a las mañanas

con aroma a café,

mezclado con el perfume

de tus remeras de algodón.


Vuelvo a que susurres

mi nombre, como cantando.

Vuelvo a tus brazos

que un día fueron mi casa.


Vuelvo perdida, aturdida, encandilada.

El mundo afuera se queda en silencio

en cuanto paso por el umbral de tu puerta.


Ahí, donde queda liviana

la mochila que traigo a cuestas,

vuelvo después de haber andado,

después de que la vida me masticó y me escupió

y me volvió a masticar.


Vuelvo a la calle de Daniel

sabiendo que con vos

me va a pasar lo mismo:

masticar, escupir,

volver a masticar.


Vuelvo tal vez

porque el golpe de tu amor

—que inevitablemente me va a alcanzar—

duele menos que donde vine a parar.


Duele menos,

eso creo,

o tengo el estómago acostumbrado

al puñetazo que sé que va a llegar.


Vuelvo diciéndome:

en breves me marcho.


Sólo necesito un poco más

de tus besos

que me intoxican la memoria

y me hacen olvidar

lo mal que me sabes amar.


Vuelvo deseando

no haber vuelto

y tambien agradecida

de saber cómo llegar.