Hay un espacio
en estos brazos
donde tu cuerpo
encastra exacto
Hay en mi nariz
una campanita
que solo suena al sentir
el aroma de tu cuello
Hay un pedacito de imán
en mi ombligo
que busca irrefrenablemente
el pedacito de metal del tuyo.
Quisiera gritarlo.
Trepar
al balcón más cercano
y en un solo soplo
largarme al viento.
Pero soy un árbol
que cae
en un bosque vacío.
Solo una gota más
en este mar de extraños,
yendo a la deriva
entre multitudes.
Los veo.
Hay tantos ojos
y nadie que me encuentre.