La cotidianidad
de la mirada en el horizonte,
del vaporcito en las ventanas
al destape del estofado,
las cejas despeinadas
y las ganas de bailar
aunque sea a destiempo.
de la mirada en el horizonte,
del vaporcito en las ventanas
al destape del estofado,
las cejas despeinadas
y las ganas de bailar
aunque sea a destiempo.
La inmensidad
del campo y las raíces en el pecho,
de los rulos,
de lo payasezco.
Del amor por dar amor
y los apapachos de árbol.
Del café con leche
servido con una sonrisa en las mañanas,
del calorcito de nuestra casa.
La filosofía
de poner la mejor cara
y de encarar de frente
la búsqueda del corazón,
y de soñar porque
estamos hechos de cielo.
De extender la mano, siempre
y de desear el mal, nunca.
De ver el vaso más que medio lleno,
de sonreír sin mirar tanto los bolsillos.
La oportunidad
de entendernos,
de perdonar,
de decir 'te quiero'
de ver en nosotros un reflejo.
Menos la altura
me diste tanto, Pa
y tanto te lo agradezco.
Te cuento,
sigo buscando mi paisaje
vos también me enseñaste eso.