lunes, 30 de marzo de 2026

Nunca

 Nunca volveré a amar

con la entrega de un corazón

que desconoce el filo de un puñal,

con los ojos plenamente cerrados

y la certeza infantil

de que nada malo puede pasar.


Nunca volveré a amar

sin armadura,

sin desconfianza,

sin una valija a medio armar.


Pero a vos

te hubiera amado,

te hubiera colocado en un altar,

con fe ciega,

con la devoción de quien elige servir

y no calcula la caída.


Me hiciste sentir cosas

que creí dormidas,

cosas que ahora me enfurecen

porque no sé qué hiciste con ellas.

Siento que te las llevaste.

Y aquí quedo,

con la herida abierta

y la puerta esperando tu regreso.


Todavía te nombro

cuando menos quiero hacerlo.

Cuando ninguno de los besos

de un tercero me eriza,

cuando el cuerpo responde al placer

pero no a la compañía.


Quisiera preguntarte

si estás bien.

Si alguna vez pensás en mí.

Si ahora lo intentarías.


Y sin embargo

no volveré a amar,

no podré,

aunque quisiera.


Me quedaré

inmóvil,

inapetente,

inalcanzable,

como si eso no fuera

otra forma de andar

un poco muerta.


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