jueves, 31 de diciembre de 2020

Las fiestas

Son las 10 de la mañana, 10.30 en realidad, y mamá me esta llamando para que vaya a comprar algo a lo de Carlitos. Cuando estoy en el pueblo siempre duermo sabiendo que ella va a levantarme para que le haga un mandado, y que hoy sea 31 de diciembre no lo hace la excepción. Después de pagar en la caja, la saludo a Andreita y le digo "Felicidades!", sabiendo que voy a volver al menos 2 veces mas por la tarde, porque mamá no es de esas personas que te mandan a comprar todo de una vez. 

El mate en casa ya esta listo desde temprano. Mamá ahora esta haciendo los panqueques para el fiambre alemán, ya hizo el relleno de las empanadas anoche, y esta convidándole masitas a la bombilla, que limpio cada vez que quiero tomar uno yo. Probablemente, después de esta pandemia, no volvamos a tomar de la misma bombilla con ella, por habernos desacostumbrado a compartir babas. En las buenas fiestas, al mediodia llega Papá. el ya dejó todo listo para largar el riego a la siesta, después del almuerzo, asi no tiene que preocuparse mas tarde. 

Así se va nuestra tarde, Mamá cocinando y seguramente atendiendo a alguna de sus clientas que solo pudo hacerse un lugarcito el 31. Yo, tratando de no quemar nada cuando ayudo en la cocina con Camila. Camila ayuda en realidad, yo hago que ayudo con eso. Papá se levantó de la siesta y ya volvió al campo.

¿Qué te vas a poner? ¿Qué llevamos para tomar? ¿Hace falta que compre algo Negra? ¿A que hora llegan tus hermanos? ¿Se habrán acordado de los cubiertos? ¿No vas a lo de Carlitos que me olvide de las aceitunas?

Para cuando llegan mi hermano y mi hermana, la casa esta cargada de estática: la adrenalina de cocinar todo a ultimo momento, la ansiedad de ver cuan grandes están mis sobrinos y sobrina, el saber que las tías y mis primas van a llevar comida de la buena y de la rica como para un batallón y encima la llegada de los primos de la plata transforma este día en algo mágico. No quiero sonar cursi, pero es así. Las fiestas fuera del pueblo, lejos de los Dumrauf, no tienen esas chispas flotando alrededor.

Entre que vemos que se bajan mis hermanxs del auto y el desfile de gente que entra y sale de la ducha, las ultimas 2 horas se pasan volando. Pero ya estamos listos, y en 1 o 2 viajes, entramos todos, junto con la sambuchitos, los arollados, el copetin, la sidra y todo lo que Pablo le parezca meter en el Daiquiri mas tarde. 

La casa de la abuela hace rato quedo chica para todo el malón que se agolpa para darse batalla de abrazos, y besucones, y apretadas de cachetes para los mas chiquitos. Si dijimos a las 9, a las 10 ya llegamos todos al salón. Pareciera que nos corremos a veces a ver quien llega ultimo, siempre fuimos un desastre para la etiqueta. 

Entre todos los abrazos y besos familieros, veo a mis primos favoritos (aunque no se debe decir que uno tiene favoritos) Franco y  Marilyn. Tengo flashes de toda una infancia en un abrazo. Los tres estamos en lugares tan distintos de nuestras vidas, pero lo que nos sigue uniendo es esta complicidad que nació en el patio llena de mandarinas y naranjas. Detras de Marilyn aparece Mateo, que me sonríe a la vez que dice Madrrrrrrina y lo alzo en brazos para llenarle sus cachetes de besos. Entre abrazo y abrazo, por un momento pienso en el abuelo, recuerdo la primera navidad que falto, tenia 12 años, pero tristemente no me acuerdo del ultimo abrazo que le di. La tía también falta. Pero creo que nos consuela saberlos presentes en nuestros corazones.

Hay algo que no mencione antes, toda la secuencia de arrumacos, de poner las mesas y acomodarse para comer siempre es con música fuerte. Si hay algo que nos encanta hacer, y que sabemos hacerlo bien, es festejar. Y así, entre tandas de comida, gente hablando a los gritos, niños corriendo por el salón y la abuela tratando de ubicar nuestros nombres, y preguntarnos las mismas preguntas al menos tres veces, estamos listos para el brindis. Están los que se quedaron charlando, y los que se ocuparon de que a nadie le falte la copa. Algunas de mis primas seguramente tratando de que estén todxs los peques adentro para brindar con sus vasitos con gaseosa, y los que ya estamos robando cachitos de mantecol. 

Y entonces con la copa al aire, en ronda grande y deforme, algunos corriendo contrareloj para llenar su vaso, y mirándonos empieza la cuenta regresiva ,10... 9...3... 2 ...1

Feliz año nuevo!!!! WoOooo!!! Feliz cumpleaños Lopiiii!!! WOooo!! Muack Muack Muack!

Yo todavía no salgo de los brazos de mis hermanas. Como siempre, nos sostiene a ambas Paula, y con la negra nos prendemos a su cuerpo como cuando éramos chiquititas. Una vez que nos dijimos que nos amamos, llorando como solo nos sale decirlo, vamos en circulos abrazando y chocando las copas de toda la familia. Mamá, Papá, Pablo, Desi, Tomas, Juani, Lucia, Mi abuela, mis tixs, mi madrina, Marilyn, Franco, Mateo, mis primxs, los recién llegados a la familia, los mas chiquitos, y de vuelta a Paula. 

No veo mejor manera que pasar los primeros 10 minutos del año, saltando de beso en beso, de abrazo en abrazo con toda la gente que amo. No hay mejor manera de arrancar el año, que compartiendo una noche de daiquiri y baile entre estos locos buenos, para después encontrarnos reventados de cansancio al mediodía y asi tener un día de anécdotas y de constante sobremesa, de truco y mate, o de fulbito en patas, para esos que sienten menos resaca en el cuerpo. 


Familia, que tanto extraño y amo, aunque nos separen unos inoportunos kilómetros, este año no voy a dejar de brindar con ustedes. Son 526.000 metros desde mi copa a su copa, pero no dejo de sonarla.  Esta noche cuando suenen las doce voy a estar brindando junto a mi familia, sabiendo que nos vamos a ver pronto para darnos esos abrazos que los hijxs, nietxs y bisnietxs de Agustín sabemos darnos. 

Feliz Año nuevo Dumraufs!! Nos vemos en el 2021 sin barbijo!!

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