que sin tocar el suelo
ya tenia un hacha encima.
Mis sentimientos eran un pollo
agonizante
que con puñal en la yugular
empezaba a desangrarse.
Mi cabeza era el peón
corrupto
que empezó inmediatamente a desplumarle
a pesar de que el animal
seguía moviendo su pata en el suelo
buscando sin suerte
un ultimo envión para salir corriendo.
Contemplando las razones de mi tristeza
hoy me vi cautiva de mi mente.
Cual pájaro carroñero
mi cabeza buscaba
que enunciara las palabras de mis miserias
para convertirlas en escrito.
Esa fui yo
Madera y hacha.
Presa y cazador.
Victima y asesino.
Rehen de mis murmullos internos
Derrotada al vicio de querer escribirme
que no me deje caer mas que un par de lagrimas
Tal vez mi cuerpo se hubiese quedado
como bicho bolita bajo las sabanas,
pero sentía como los chacales de la prosa
se relamían con mi cuerpo herido.
Vi en el vuelo de los cuervos
la coma y la letra de mi mano
Me sonreía mientras afilaba la hoja
y me invite a arrodillarme
para entregar la nobleza de mi cuello al cielo.
En cuanto bajo la guillotina
para la sorpresa de nadie
no había cuerpo
ni pollo
ni leño
Me encuentro ahora
en penitencia
escribiendo la lista
de las cosas que me pueden hacer llorar.
Reproduciendo la música mas triste que hay,
con poco abrigo,
en ayuno,
aislada.
A la merced de mi carcelero
poniendo mi sentimiento como telas
para hacer del desconsuelo
algo
algo mas que lagrimas
algo mas que dolor de panza
algo mas que frio
algo mas que vacío
algo menos vulnerable
algo mas controlado
un algo mas productivo.
Ojalá no tuviese esta debilidad de escribir
todo lo que siento
así me permitiría bajar la guardia
ante la voz interna de este cuerpo,
confiando en que no tendrá la necesidad,
ni el descaro,
de ponerme rotulo
bajarme al expediente
editarme
y presentarme al mundo
como un festín patético.
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