Lo bueno de tanta mierda
es que reencontré el deseo,
mi norte de siempre,
mi manera de obtenerlo.
Mi hogar,
ya lo tuve.
Vive en mí.
Soy capaz de eso.
Mi familia,
ya la tengo.
Crece conmigo.
Y me lo merezco.
Mi llamado,
ya lo sé.
Sé a dónde voy,
y de dónde vengo.
Lo bueno de tanta mierda
es que, cuando todo apesta,
aprendés más rápido
a reconocer el aire fresco.
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