Tenía ocho años
y de un día para el otro
empecé a perder pelo.
Mucho pelo.
Lamparones desnudos
se abrían paso en mi cabeza,
y mi mamá me llevó al medico.
Daniel, el doctor,
le dijo que estaba sana.
Pero preguntó si estaba estresada.
mi mamá comenzó a contar
las diez mil actividades:
folklore, básquet,
cerámica, arte,
niña perfecta en la escuela
-el precio de ser
la luz de sus ojos-
El la miró y dijo:
"Déjala ser niña".
La historia se me hizo presente,
colapso de por medio.
Porque en terapia entendí
que aún no descifro la palabra
cuidado, care, pflege.
En mis buenos días
yo puedo con todo,
lo sé, pues siento
la electricidad recorrerme,
y encender mi pecho,
en mi centro
tengo tanto poder..
Pero no puedo con todo.
con todo a la vez.
Si digo que sí
cuando en verdad quiero decir no,
pierdo el sueño.
Si hago siempre
lo que el otro de mi espera,
no soy mi dueño,
Si solo freno
cuando el cuerpo me frena de un sopeton,
sé lo que me espera luego:
hombros rotos,
enojo en la panza,
soledad en silencio.
Estoy aprendiendo
a cuidarme.
A frenar
antes de quedar pelada.
A dejar de pensar
que si me detengo,
se apaga la chispa.
Y qué difícil es,
porque lo que hago,
lo hago gerne,
con la alegría del juego,
con el gusto de explorar.
con amor y deseo.
pero
¿Cómo se cuida una
cuando nunca fue cuidada?
¿Quién me puede decir
que significa esa palabra?
No hay comentarios:
Publicar un comentario