Todo me recordó a casa:
El viento.
El crataegus.
La falta de gravedad.
Al llegar al campo
me mostraba el horizonte
y siempre trazaba con sus dedos
líneas imaginarias en el aire.
Padre tenía las manos
como la tierra que trabajaba:
fértil y llena de esperanza,
pero me dolían sus grietas.
A la salida de la escuela
juntaba flores blancas
para ponerlas en un vaso con agua.
Un día las flores estaban en la basura.
Como la piel del aloe
era el rostro de madre
como las esquinas de sus hojas
muchas veces era su amor.
Estuvo mi infancia
hecha de tierra y de azúcar,
terrones que se desarmaron
en las manos de ellos dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario